Polvo de estrellas

Publicado por

Polvo de estrellas

Hace años leí en un libro de aforismos una cita de la obra “El abanico de Lady Windermere” de Oscar Wilde que decía así: “Todos estamos en la cuneta, pero algunos miramos a las estrellas”.

Como ocurre inexplicablemente con algunas frases, aquella conectó de inmediato conmigo. Conectó con alguna certeza interior; quizás por tres motivos: El primero porque siempre me ha gustado mirar las estrellas (uno de mis asuntos pendientes es comprar un buen telescopio y ubicarlo en una linda terraza), el segundo porque me parece una frase que esconde una imagen reconfortante, consoladora, -alguien en la cuneta, que pese a su desventura, tiene como escapatoria la contemplación del universo- y el tercero porque siempre he tratado de identificar y acercarme a aquellos que saben mirar (metafórica y literalmente hablando) a las estrellas.

Años más tarde leí la frase en su versión original en inglés: “We are all in the gutter, but some of us are looking at the stars” y caí en la cuenta de que Wilde había escrito “alcantarilla” y no “cuneta” y aunque la frase perdió cierto poder estético no por ello dejó de parecerme sugerente.

Mi atracción por las estrellas se ha afianzado más si cabe este verano. Gracias a un libro. Un libro que encontré en una pequeña librería. Entré en ella buscando una novela concreta, así que cuando lo vi, me limité a cogerlo para admirar su edición y volví a dejarlo en la estantería junto a otros títulos de divulgación científica. Di varias vueltas por la tienda buscando la novela en cuestión pero, sin saber muy bien por qué, no dejé ni un momento de mirar por el rabillo del ojo aquel libro abandonado. Podría decirse que el libro me encontró a mí.

Finalmente, en lugar de la novela decidí quedarme con el que hasta la fecha es el libro de no ficción más fascinante que he tenido ocasión de leer: “El universo en tu mano (un viaje extraordinario a los límites del espacio y del tiempo” del joven físico Christophe Galfard, editado por Blackie Books.

Un libro sugerente para aquellas personas interesadas en la ciencia y en los misterios de la naturaleza visible… y de la invisible.

Galfard apela a nuestra imaginación para despojarnos de nuestro cuerpo y convertirnos en un ser etéreo a veces, diminuto otras, para adentrarnos en un viaje por todo el universo conocido. De esta forma asistimos en persona al nacimiento y muerte de estrellas, descubrimos que tan sólo una pequeña galaxia como la nuestra, -La Vía Láctea-, contiene nada más y nada menos que 300.000 millones de estrellas y la galaxia más próxima a la nuestra, Andrómeda, contiene un billón de estrellas (¿de verdad hay alguien que aún piensa que estamos solos?).

Descubrimos que estamos hechos literalmente de polvo de estrellas puesto que si las estrellas no murieran ocasionando un fuerte estallido jamás se formarían los átomos que la vida humana y tantas otras cosas necesitan para existir. Descubrimos otra galaxias, entramos en agujeros negros, llegamos hasta la superficie de última dispersión (el limite del universo hasta el que la luz puede moverse con libertad), el límite conocido del espacio-tiempo y también nos adentramos en las partículas subatómicas, las que lo componen todo (electrones, protones, quarks, etc).

Galfard nos desplaza con gracia y enigmáticamente por los misterios del universo conocido y expone sugerentes teorías que los físicos barajan hoy en día para explicar el origen y la naturaleza del mismo: los múltiples big bangs, la teoría de cuerdas y sus diez dimensiones…Alucinante.

El autor nos plantea el gran reto de los físicos contemporáneos: tratar de encontrar una Teoría del todo, una teoría físico-matemática que explique toda la naturaleza existente en un contexto donde se ha demostrado que la escala influye y que en función de la escala cambian las reglas de la naturaleza.

Con la física clásica de Newton y la relatividad de Einstein (y su famosa ecuación E=mc2) la humanidad ha podido comprender cómo funciona la naturaleza a una escala que nuestros cerebros humanos pueden entender, en el mundo del tamaño que responde a nuestros sentidos.

Sin embargo, las leyes newtonianas y la de la relatividad de Einstein no explican ciertos comportamientos de lo diminuto, de lo subatómico, puesto que allí aplican leyes asombrosas que nuestra mente no logra asimilar (física cuántica). Las partículas de las que todo y todos estamos hechos se comportan como ondas de energía que, -antes de ser observadas-, pueden estar en todas partes del espacio y en todos los tiempos posibles (principio de incertidumbre de Heisenberg). ¿Quién puede asimilar realmente algo así? Parece magia. De hecho, después de dar una clase de física cuántica a sus alumnos, Einstein les dijo: “Si me habéis entendido, es que no he sido claro”.

Y tampoco rigen con exactitud las leyes de Newton y Einstein cuando miramos a gran escala, a lo muy grande. Este hecho se demostró tras comprobar que el universo se expande cada vez con más aceleración, cada vez más rápido. Para que esa aceleración tenga concordancia con las leyes de Einstein, los físicos contemporáneos han concluido que debe haber algo invisible y poderoso ejerciendo influencia en todo el universo, algo que han denominado “materia oscura” y “energía oscura”. Ambas son invisibles, los físicos no saben qué son ni de dónde proceden.

De acuerdo a los últimos datos de los satélites de la NASA, nuestro universo está compuesto de:

Energía oscura: 72%

Materia oscura: 23%

Materia conocida (incluida la luz): 4,6%

El resto es desconocido.

Conclusión: de momento sabemos poquísimo.

Es sin duda una cuestión de perspectiva, de escala. Hoy en día la humanidad no la tiene y por eso no logra entender las leyes que rigen el todo.

¿La tendrá algún día? ¿Llegará la humanidad a disponer de la tecnología suficiente para ver y comprender más cosas? ¿o antes se auto-destruirá? ¿tendrán que venir otras civilizaciones a aportar más información sobre el sentido de todo? (Gallard hablando de los exoplanetas, dice: “De hecho, estoy dispuesto a apostar a que se descubrirán indicios directos e indirectos de vida extraterrestre en las próximas dos décadas, más o menos”).

Seguro que, con el paso del tiempo, acabaremos sabiendo y entendiendo más cosas aunque probablemente nunca lo comprenderemos todo. Tal vez desde nuestra limitada dimensión humana jamás logremos comprender el descomunal misterio. ¿El misterio de Dios?.

 

468 ad